Te escribo todos los días mínimo una carta que te mando por correo certificado a una dirección falsa para que no la veas pero la sientas. Porque el proceso de recibir una carta comienza cuando apareces en la cabeza de alguien que llora por ti al otro lado del mundo. O tal vez, digámoslo, no llora por ti sino en realidad por las cosas que quería tener para sí misma y no pudo porque Dios no es tan benevolente y si tuviéramos siempre todo lo que quisiéramos lo tendríamos todo excepto una atadura con la tierra, con el planeta tierra y con el suelo y los gusanos que se revuelcan húmedos debajo de las capas de cemento, caliza y arcilla. Y si no nos atamos con la tierra no hay por donde saber defenderse de los errores, cuando todo salga mal (todo va a salir mal) al menos vamos a poder decir que hicimos lo que pudimos. Si me tapo los ojos, ¿Qué me queda por defender? la ciencia es mi único aliado al momento del juicio. Entonces me levanto de la poltrona ejerciendo un par de tosidos victimizant...